Día Mundial del Farmacéutico: la persona que más ve a tu madre

Si tu madre vive sola, es probable que la persona que la ve con más regularidad no seas tú: sea quien está detrás del mostrador de su farmacia. El 25 de septiembre es un buen día para pensarlo.

Cada 25 de septiembre se celebra el Día Mundial del Farmacéutico. Suele pasar sin ruido: no hay regalos ni comidas familiares. Pero si cuidas a distancia a una persona mayor, es un día que merece un minuto, porque la farmacia de su barrio es, casi seguro, la pieza más estable de su rutina.

Piénsalo desde su lado. Tú la llamas, la visitas cuando puedes, quizá tienes una app en su teléfono. Pero la farmacia la ve entrar cada semana o cada quince días, con su bolsa, a la misma hora más o menos. Sabe qué toma, sabe cómo camina, sabe si hoy ha venido más despacio o si ha venido dos veces porque se le olvidó algo. Nadie más de su entorno tiene esa continuidad, con esa frecuencia, sin que ella tenga que pedirlo.

Lo que hace una farmacia que ninguna app puede hacer

Hay cosas que solo pasan en persona y detrás de un mostrador. La farmacéutica que conoce a tu madre nota el detalle que a ti se te escapa por teléfono: que ha venido sin la lista, que pregunta dos veces por lo mismo, que la receta se ha quedado sin renovar, que de pronto compra algo que nunca compraba. No hace diagnósticos ni le corresponde; simplemente se da cuenta, y muchas veces lo dice: «¿está todo bien en casa?».

En España, además, muchas farmacias ofrecen el sistema personalizado de dosificación: preparan la medicación de la semana en un blíster con los días y las horas marcados. Para alguien que toma varias cosas al día, es la diferencia entre acordarse y no acordarse, y quita de en medio una de las llamadas más incómodas que haces desde lejos: «¿te has tomado la pastilla?».

Y está el seguimiento de la receta electrónica: la farmacia ve cuándo toca recoger y cuándo no se ha recogido. Si tu madre lleva dos semanas sin pasar a por algo que toma todos los días, lo saben antes que tú.

Cómo convertir la farmacia en parte de tu red

No hace falta ningún trámite. Hace falta una visita. La próxima vez que estés en su ciudad, acompáñala a la farmacia y preséntate: «soy la hija, vivo fuera, este es mi teléfono». Una tarjeta, un número apuntado detrás del mostrador. Con eso, el día que noten algo tienen a quién llamar, y tú tienes a alguien a quien preguntar que no sea ella.

Pregunta por el sistema de dosificación semanal si toma más de dos o tres cosas. Pregunta si pueden avisarte cuando una receta esté a punto de caducar o cuando lleve tiempo sin recogerla. Muchas farmacias lo hacen de forma informal, sin más protocolo que la confianza; otras tienen servicio de entrega a domicilio para quien no puede bajar, y eso también es una visita más a la semana de alguien que la conoce.

Y pregúntale a ella. Quién la atiende, cómo se llama, si le cae bien. Que la farmacia sea «la suya» importa tanto como que sea la más cercana.

Dónde encaja esto con Aasta

Aasta no sustituye a nadie de esa red, y menos a la farmacia. Lo que hace es cubrir las horas en las que no hay nadie delante: el botón grande para pedir ayuda, el mensaje de voz de un solo toque, el aviso si el teléfono se queda sin batería o si lleva demasiadas horas quieto. Son dos cosas distintas que se complementan: la farmacia ve a tu madre; Aasta te avisa a ti cuando ella necesita que la veas.

En el catálogo de recomendaciones de la app hay una que dice exactamente esto: «apunta el teléfono de su farmacia y preséntate». No es tecnología; es la recomendación que más veces han agradecido las familias que la han seguido.

Hoy, 25 de septiembre

Si tienes un minuto: llama a tu madre y pregúntale cómo se llama su farmacéutica. Y si puedes, la próxima vez que vayas, pasa a darle las gracias. No es un gesto simbólico. Es, muy probablemente, la persona que más ve a tu madre.